No hay nada que ilusione más que levantarse la mañana del día de Navidad (o de Reyes) y ver el árbol lleno de paquetes preciosos. Esa sensación es única. Regalos de todos los tamaños, grandes y pequeños, cubiertos por hermosos papeles de colores, muchos de ellos con motivos navideños. Paquetes tan bonitos que hasta da pena abrirlos. Porque un regalo empieza, precisamente, en el mismo envoltorio que lo cubre.
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