Friday, April 19, 2019

Vía crucis sexual y voluntario

Al poco tiempo de empezar con el título de ser “la del sexo”, me entró una mujer por los privados de una red social. Según ella, le gustaba mucho el programa que dirijo en cadena SER y le apetecía contarme su experiencia sexual, más allá de todos los convencionalismos. Yo, encantada. Imaginen. Apenas has iniciado el proceso de aprendizaje y se te aparece alguien dispuesto a contarte su más absoluta intimidad con una sexualidad, como ella misma definió, “nada convencional”. Me relamí solo de pensarlo. La mujer me relató toda una ceremonia con tres hombres que, según me dijo, querían experimentar con ella. Decidieron entre los cuatro que ella se dejara atar en el somier de una cama con las manos y las piernas abiertas, cual cruz de San Andrés, pero ficticia. Según contó, le vendaron los ojos, introdujeron una bola de caucho en su boca para que no pudiera gritar e introdujeron un enorme cirio pascual en su vagina. El juego consistía, como podrán imaginar, en dejar que se consumiera la vela apurando el tiempo que ella pudiera aguantar el calor del fuego. Con el consiguiente riesgo de que ardiera el vello del pubis.

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