"Mejor no le preguntéis a Charles Leclerc por Bianchi”, nos sugiere una persona de su entorno minutos antes de que el piloto monegasco de 20 años se siente a hablar con nosotros. “Él es muy cordial y contesta a todo lo que le preguntan, pero tocar ese tema le entristece y le deprime”. Sin embargo, en cuanto aparece Charles, luciendo el mono de su equipo, Alfa Romeo Sauber, y las gafas de sol de Carrera, una de las marcas con las que colabora, es él mismo quien menciona con total naturalidad a su amigo de infancia, el piloto Jules Bianchi, fallecido en Niza en 2015 tras sufrir un accidente nueve meses antes en el Gran Premio de Japón. “Crecí a su sombra”, explica con sencillez, “él siempre fue para mí una referencia vital, el camino a seguir y una especie de hermano mayor”. Se llevaban siete años y sus padres, pilotos ambos, eran íntimos amigos.
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