Te levantas una mañana tan tranquilo y contento, vas a los cuartos de tus hijos para despertarlos, levantas la persiana para que entre el sol y la luz de la primavera, y puede que se te caiga el alma a los pies. No es que estén desordenadas las habitaciones, cosa que ocurre con demasiada frecuencia, es que son unas estancias a las que a veces les falta personalidad. Sus paredes desnudas, parecen más bien frías habitaciones de hotel que lugares donde viven niños y niñas de distintas edades con sus aficiones, gustos y personajes preferidos.
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