Friday, April 20, 2018

No eres Orwell y tu brújula no va

El año 1987, Douglas Adams, el tipo que moriría con una toalla en la mano a la salida del gimnasio —quién le mandaría intentar ponerse en forma a los 50— y en cuyo honor —y el de su Guía del autoestopista galáctico— se celebra, coincidencias macabras aparte, el Día de la Toalla, publicó un videojuego titulado Bureaucracy, que era, básicamente, texto. Estamos hablando de la prehistoria del bit interactivo, de lo que podríamos considerar el pariente más cercano, informáticamente hablando, que la literatura ha tenido jamás: los llamados text adventure games o aventuras conversacionales. Bureaucracy era la historia de una mudanza, o de cómo se te complica la vida cuando decides cambiarte de casa. Todo lo que hacías, a la manera siempre elocuente y delirantemente infantil de Adams, era intentar que las facturas llegasen a tu nueva casa y que también lo hiciesen el resto de tus cartas sin perder la cabeza. Porque, claro, para conseguirlo, debías hacer frente a un montón de ridícula y paralizantemente absurda burocracia.

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