Friday, April 27, 2018

Atada, solo al cabecero de la cama

La imaginación es un arma muy válida para alcanzar la satisfacción sexual.  Estamos con nuestra pareja, empieza a comérnoslo y en vez de mirar la escena y excitarnos como ocurre en otras ocasiones, optamos por cerrar los ojos e imaginarnos con otra persona. Imaginamos mucho y variado, incluso cuando estamos viviendo una situación sexual. Lo de dejar las piernas abiertas petrificadas y los brazos amarrados al cabecero es un clásico, y lo mismo mientras estamos en semejante situación no pensamos precisamente ni en la persona que está en nuestro pilón ni en que estemos plácidamente sobre las sábanas. Nos imaginamos atadas por mil cadenas que impedirán que escapemos a esa gloriosa sesión de sexo oral que nos está haciendo esa persona que tantísimo nos pone. (¡Slurp!). Esa misma escena puede formar parte de nuestro imaginario cuando nos masturbamos. Incluso cuando estamos comprando el pan y de repente nos brota. Cada uno recreamos las situaciones que más nos excitan sin seguir ningún patrón más que el propio. Y en ese revuelo imaginativo entran hasta prácticas sexuales que, en la realidad, jamás llevaríamos a efecto. 

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