'Joyas y jojoyas’
Se celebraba la gran fiesta del cine y El robobo de la jojoya no estaba nominada, pero la que fue una de las películas más taquilleras del año 91 se robó la noche, y un caco amateur, todo lo demás. Las alhajas de una conocida firma madrileña prestadas para la gala, y valoradas en 30.000 euros, se las llevó un señor que pasaba por allí. Pan comido, birlarlas de la habitación, de la que, ejem, solo tenían llave nueve personas. Podríamos jugar al Cluedo y tratar de adivinar lo que pasó para que volaran, pero no hizo falta. El confuso culpable confesó. No era un profesional, más que de la iluminación.
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