Dakota Johnson ni se explica ni se disculpa. La hija de los actores Melanie Griffith y Don Johnson es así. Y si a uno no le gusta, ya puede marchar por donde ha venido. En su piel tiene tatuada la palabra tender (tierna) y su aspecto parece el de una mosquita muerta, inocente y sensible. Pero sus andares dejan clara su seguridad. Lo mismo que sus elecciones como actriz, al frente de esa saga que ha hecho de ella la nueva musa erótica de Hollywood, primero con 50 sombras de Grey y ahora con su continuación, 50 sombras más oscuras [estrenada esta semana en España]. “Soy tan sensible como segura. Se pueden ser las dos cosas. No son antónimos”, aclara. El papel de Anastasia Steele ha mostrado al público algo más que su cuerpo. Ha hecho de ella una estrella. “Y lo mejor, más allá de lo obvio, es que ahora disfruto de una posición que me permite estar en la misma habitación con aquellos que admiro y participar en la conversación”, sentencia. Una peculiar definición de fama para alguien que ha crecido arrullada por famosos.
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