Pasamos la mayor parte del tiempo entre cuatro paredes. Las de casa, las del trabajo, las del centro comercial... incluso el interior de los vehículos configura un escenario cotidiano para muchas personas. Pensamos que son "barreras protectoras", y que tras ellas estamos a salvo de contaminantes, pero lo cierto es que no siempre es así, pues este enemigo invisible también se cuela en el interior de los edificios. El aire de la cocina, del salón, el dormitorio, el gimnasio y la oficina puede estar sucio, y eso es un factor de riesgo para la salud. De hecho, la Organización Mundial de la Salud ha cifrado en 2 millones el número de muertes atribuibles a la contaminación interior en el mundo anualmente, y ha clasificado el fenómeno como el décimo factor de riesgo evitable en importancia para la salud de la población general.
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